Así vivimos la vendimia

¿Sabías que la palabra Vendimia se deriva del latín Vindemia y está compuesta por Vinum (vino) y demere (cortar)? Por tanto Vendimia es la acción de recolectar  las uvas de la vid para la elaboración de los vinos o para el consumo directo de la fruta.

Nosotros solemos comenzarla a primeros de Septiembre aunque lógicamente cada año puede variar, semana arriba semana abajo, dependiendo principalmente de las condiciones meteorológicas que hayan acontecido durante el año y de la maduración de la uva.

Hoy quiero descubrirte cómo vivimos en Conzieto esta época maravillosa de sensaciones intensas y cómo mi sueño como viticultor y elaborador de vino se va haciendo realidad poco a poco en cada vendimia.

 

 

Las semanas previas a la vendimia son muy emocionantes. Se va acercando la culminación de muchos meses de trabajo y a la vez sientes la gran responsabilidad de decidir el momento adecuado en el que la vid esté en sus mejores condiciones para comenzar la recolección.

Si la primavera ha sido muy lluviosa y el verano caluroso y seco, las vides crean unas expectativas de reproducción muy por encima de sus posibilidades. En este caso, los meses previos realizamos un aclareo de racimos que ayude a madurar de forma más correcta a los que se dejan en la planta.

Por otra parte, durante todo el verano se van controlando los parámetros de azúcar, acidez y ph de las uvas. Estos chequeos se realizan en un principio cada tres o cuatro días hasta que se aproxima la fecha de vendimia, cuando se pasa a hacerlo de forma diaria para dar con el día exacto en el que se considera que han alcanzado el equilibrio necesario.

 

Y por fin llega el momento en el que se decide comenzar

A partir de ahí la actividad, tanto en viñas como en bodega, se vuelve muy intensa y se genera un ambiente de lo más especial. El trajín de estos días y las emociones encontradas no es comparable a ninguna otra época del año.

La jornada comienza a primera hora de la mañana con los colores rojizos del alba que tímidamente irán dando paso al sol radiante como compañero de trabajo para el resto del día.

Ataviados con nuestros gorros y tijeras los vendimiadores repartimos las tareas. Comenzamos la recolección seleccionando los mejores racimos en el propio viñedo, donde disponemos de más tiempo y claridad para detectar y descartar racimos que no consideramos óptimos, aunque posteriormente en bodega  se vuelve a dar un repaso por si algo se nos hubiera podido pasar por alto.

 

 

Las cajas de unos 15 a 20 kilos destinadas para ello se van rellenando de forma manual con sumo cuidado y eficiencia para evitar, en la medida de lo posible, que la uva se deteriore. Siempre resulta altamente gratificante y conmovedor observar esas primeras cajas llenas con lo mejor de la tierra y del trabajo humano que acabará culminando en la creación de un gran vino.

Posteriormente las cajas según se completan se trasladan a la bodega intentando que pase el menor tiempo posible, aunque si la vendimia se hace manualmente siempre se tiene algo más de margen porque no se rompe el hollejo como hacen las cosechadoras.

En cualquier caso y como decimos, hay que intentar que la uva esté cuanto antes en los depósitos de fermentación al cuidado de manos expertas.

Las calles de los viñedos están entonces más vivas que nunca con el ir y venir de los tractores. El ruido, el olor y el color son increíbles. Ha comenzado para nosotros ese encanto tan característico y fascinante de esta época del año.

 

Cuando la uva entra en bodega se vive un gran entusiasmo

Los racimos caen con  ansia en la cinta donde eliminamos cualquier resto que no debe ingresar en los depósitos de fermentación, tal como hojas o algún racimo en mal estado que por descuido se hubiera puesto en la caja.

Trabajamos de forma muy organizada, prestando atención al orden y la limpieza en las distintas estancias de la bodega.

Inmediatamente después de seleccionar la uva en bodega, comienza el proceso del despalillado en la maquinaria específica para ello. Consiste en separar las uvas de la parte leñosa del racimo, ya que ésta no ingresa en el depósito ni participa en la fermentación.

El siguiente paso es el estrujado, éste es un momento delicado e importante donde atenazan ciertos nervios. Se aplasta la uva suavemente para extraer el mosto, fase que vivimos ilusionados por ser el paso previo a la transformación en vino.

Y por fin se pone la uva a fermentar en nuestros depósitos de acero inoxidable. Los tiempos de estancia en estos depósitos los marca la propia fermentación de la uva y el destino que vaya a tener ese vino, joven o crianza.

Una vez terminada la fermentación alcohólica y maloláctica, el vino se abre paso ante nosotros en todo su esplendor, se ha convertido en el más preciado presente.

 

 

Es entonces cuando lo introducimos en nuestras barricas de maravilloso roble francés para su proceso de envejecimiento, que confieren al  vino aromas, finura y elegancia características, mientras le permiten además una lenta evolución propia de los mejores vinos.

Y aquí es donde reside la parte más creativa y delicada del oficio, ya que el tiempo que se dedica a cada vino dependerá de la edad de la barrica, de la estructura del propio vino, del perfil que le quieras dar  y del gusto del cliente al que deseas que vaya dirigido.

 

Jornadas de sensaciones encontradas

En época de vendimia no todo es trabajo. Como en la vida misma, en un solo día pasamos de la tensión del estreno a la gratificante relajación del posterior y merecido descanso.

Al finalizar cada jornada quedan muchas anécdotas para recordar y nadie cierra su día sin una amplia sonrisa por la satisfacción del trabajo bien hecho, mientras las viñas y la bodega se van relajando del bullicio que durante muchas horas las han llenado de vida.

A veces me parece mentira que los sueños se hayan hecho realidad. Un proyecto que comenzó con el mismo objetivo que continúa, el de crear vinos auténticos para que tú puedas vivir nuevas experiencias y disfrutar de momentos intensos.

 

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