El arte del maridaje

Hoy voy a tratar un tema apasionante y no exento de polémica, el maridaje del vino con los distintos tipos de comida.

Hablar de maridaje es un tema un tanto delicado porque estamos hablando de gustos personales y bien es sabido que todos somos soberanos de los nuestros. Eso siempre entraña alguna controversia.

Pero tenemos que ser conscientes de que esto es un juego y como tal lo tenemos que ver, porque experimentar y equivocarse, en el fondo es algo divertido.

Así que desde aquí te animo a probar y llevarte algunas sorpresas. Alguna quizá podría acabar resultándote un tanto desagradable pero… hemos venido a jugar ¿no?

Otra de las cuestiones que me viene a la mente, cuando voy a cocinar para los míos, es si antepongo la elección de la comida en función del vino que vamos a tomar o viceversa.

En mi caso prefiero elegir el vino en función de la comida porque es más sencillo guardar el recuerdo de lo que comes que el de un vino que quizás aún no conoces.

Y para ello, existen app’s que nos pueden dar orientaciones más que validas de lo que nos podemos encontrar cuando abramos la botella que hemos elegido. Una de ellas es VIVINO.

 

Pautas comunes en todos los maridajes

Una de las claves que tenemos que buscar en un maridaje es el equilibrio, pudiéndonos llevar gratas sorpresas en alguna ocasión porque quizás encontremos ese equilibrio donde menos pensábamos que podía estar.

Por ejemplo, un vino tinto potente con mucha estructura y elevado grado alcohólico tendrá, de forma general,  el equilibrio en una comida muy proteica y grasa.

Los vinos ácidos (blancos no fermentados en barrica, rosados y algún tinto normalmente joven) tienden a encontrar ese equilibrio en comidas ligeras pero grasas, como pueden ser unos spaghettis a la carbonara (sin nata por favor) o en un pescado azul.

Con los vinos dulces tenemos quizás la paleta de combinaciones más extensa dentro del mundo del maridaje, ya que pueden maridar (como he dicho antes esto no es ningún dogma) tanto con un postre (por favor, que los veganos no lean esto) como con foie, jamón, chocolate negro puro ….

 

Verduras y legumbres

Estos son ejemplos de lo que nos podemos encontrar en un maridaje, pero dentro de ese abanico de posibilidades que nos ofrecen estos dos extremos están, por ejemplo, las verduras.

Salvo la alcachofa, que todavía no he encontrado un vino con el que maride, las demás son todas candidatas a un maridaje perfecto.

Es bien sabido que las verduras no se caracterizan precisamente por ser de sabores muy potentes, a no ser que les añadamos productos más proteicos y de sabores más fuertes.

En este caso el equilibrio lo encontraríamos en vinos de escaso cuerpo, aromáticos y de acidez suave para que no enmascare el delicado sabor de la verdura.

Aquí podría valer tanto un tinto joven afrutado como un blanco seco y de acidez media, al igual que un rosado que no fuese de variedades potentes como la Cabernet Sauvignon y Syrah, por poner dos ejemplos.

 

En cuanto a las legumbres, su gran carga carga proteica las hace buenas candidatas al maridaje con vinos más potentes, tanto en tintos como en blancos fermentados en barrica.

Eso sí, su proteína no es tan intensa como la proteína animal, lo que hay que tener en cuenta para buscar el equilibrio que citaba antes.

Claro está que si a esas legumbres les añadimos embutidos y casquería fina el resultado se traduce en una carga proteica más elevada. Así que para buscar ese equilibrio tendremos que ir a vinos más potentes tanto en estructura como en grado alcohólico (conceptos que normalmente van de la mano).

Y ahora que cada día está más en boga la comida vegana y esas legumbres se pueden acompañar de unas deliciosas verduritas, entonces sí tiene toda la lógica lo que os he estado exponiendo anteriormente.

 

Y luego están las sorpresas

Porque puedes encontrarte con maridajes paradójicos. Aquellos que por mucho que imagines no ves que pueden encajar hasta que lo pruebas, como el ceviche que hice para ilustrar este artículo.

Lo maridé con nuestro ESENZIA y tengo que decir que la experiencia fue brutal, quizás por lo inesperado porque pensaba en mi ignorancia que algo tan ácido y picante no podría cuadrar con un vino de acidez equilibrada y muy glicérico. Pues no, encajaba como una joya de Tiffany’s en el cuello de Audrie Hepburn.

 

 

Bueno, y por último me queda el minimalismo. Una copa de buen vino, un poco de música que te guste, la compañía elegida y algo para picar. Hace falta muy poco para acercarse a esa quimera que llaman felicidad.

Y con todo esto lo que quiero es animarte a probar cosas que, aunque en un principio no parezca que puedan tener mucha lógica, quizás sí la tengan. Sin prejuicios, probar y experimentar. Que sea la experiencia la que te diga si sí o si no. Y si es que no, no pasa nada, ¡hemos venido a jugar!!

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